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lunes, 12 de noviembre de 2018

TRADICIÓN E INNOVACIÓN EN EL TEATRO ESPAÑOL ACTUAL, de Francisco Gutiérrez Carbajo


TRADICIÓN E INNOVACIÓN 
EN EL TEATRO ESPAÑOL ACTUAL
de
Francisco Gutiérrez Carbajo
Prólogo: César Oliva
Pincha en la imagen para comprar en libro en nuestra web
Tapa blanda, 300 pág. 13,8 x 21 cm. 
ISBN 978-84-947904-8-5
Francisco Gutiérrez Carbajo es Catedrático de Literatura Española, Académico de número de la Academia de las Artes Escénicas de España y Académico correspondiente por Madrid de la Reial Acadèmia de Bones Lletres. Ha sido presidente de la Asociación Española de Semiótica, Decano de la Facultad de Filología de la UNED y ha impartido clases en universidades europeas, africanas y americanas. Pertenece a los comités científicos de revistas internacionales de impacto y ha publicado numerosos trabajos y más de cuarenta libros en editoriales de reconocido prestigio.
Una de sus principales líneas de investigación es el teatro, a cuyo conocimiento y difusión ha dedicado numerosos libros y ediciones críticas.
Tradición e innovación en el teatro español actual es una reelaboración de algunos de sus trabajos, donde aborda con su lúcida escritura la escena actual, tanto en lo que tiene de pervivencia del mundo clásico como en sus aspectos más innovadores. Después de un detallado “estado de la cuestión”, analiza el teatro de Miguel Hernández, la recreación de autores clásicos (Alonso de Santos…), de textos bíblicos (Riaza, Miras, Murillo y Corredoria), las adaptaciones (Lola Blasco…), las dramaturgias de Angélica Liddell y César López Llera, y la presencia de la medicina y de la física en Sanchis Sinisterra, Diana de Paco y Alfonso Vallejo.
Todo ello está introducido por un excelente trabajo del Catedrático César Oliva, uno de los más prestigiosos investigadores europeos del arte escénico en todas sus facetas.
FRAGMENTO DEL PRÓLOGO DE CÉSAR OLIVA
Entra enseguida (el autor) en el meollo del libro, cual es penetrar en la dialéctica entre tradición y vanguardia, que sigue estando vigente ya que ha sido objeto de muchas y muy variadas exploraciones, como aquí mismo se citan de manera precisa. Dentro de esta dialéctica se encuentra el teatro de la palabra, cuya presencia “contribuye a establecer un diálogo enriquecedor, con la poesía, la música, la imagen, pero también con otras manifestaciones basadas esencialmente en la narratividad, como la novela y el cine”. En los diversos capítulos de este libro se discutirán las transformaciones que introduce la palabra que, para el autor, constituye el vehículo esencial de la comunicación escénica.
Gutiérrez Carbajo conoce en profundidad la escena española contemporánea, a la que va a pasear por las páginas, no sólo con la mención de creadores sino de estudiosos que han hecho de la tradición clásica un medio de conocimiento y reflexión acorde con los primeros años del siglo XXI. La estructura de los estudios que inicia a partir de este primer capítulo es muy similar: una introducción sobre el asunto que plantea, con abundante manejo de conocimientos previos de cuantas referencias se citan; pasar a continuación a considerar al autor, autores o temática elegida, y los elementos que como investigador merecen más su atención, los cuales son sometidos a la lupa del observador; terminando el epígrafe con el detalle de la bibliografía utilizada, en la que no regatea amplitud y concreción.
FRAGMENTO DEL ESTADO DE LA CUESTIÓN, 
POR FRANCISCO GUTIÉRREZ CARBAJO
El teatro español actual lleva a cabo un diálogo con las dramaturgias y los autores más representativos de todas las épocas, empezando por los clásicos y siguiendo por las diversas corrientes y movimientos -no solo españoles-, que han configurado la historia de la escena. El arte dramático parece seguir los postulados de Engels, según los cuales, hay que estar al día, es decir, hay que seguir la voz de la historia. Esa imbricación con el pasado le facilita a su vez la proyección hacia el futuro. Se sitúa, por tanto, en la ruta que marca Nietzsche en El caminante y su sombra, según la cual, el menester de los grandes creadores consiste en partir de los modelos de los maestros anteriores e intentar vencerlos con gracia, de modo que se note al mismo tiempo la sujeción y la victoria.

Los medios e instrumentos más avanzados facilitan hoy más que nunca la relación entre clasicismo y vanguardia, entre tradición e innovación.
A la vez que se enriquece la dimensión histórica, el arte escénico en el plano sincrónico no se muestra como una creación autónoma e insolidaria, sino que establece conexiones con las diversas manifestaciones literarias, culturales y artísticas, como la novela, la poesía, el cine, la música, las nuevas tecnologías… etc., desarrollando desde el punto de vista semiótico una rica intermedialidad e interdiscursividad.

También a la venta en librerías físicas y virtuales (Pídeselo a tu librero)

Distribución nacional: LATORRE LITERARIA

martes, 24 de enero de 2017

LA PARADOJA DEL DRAMATURGO (VV. AA.)



LA PARADOJA DEL DRAMATURGO (VV. AA.) 
Tapa blanda, 308 pág.,  ISBN 978-84-945155-8-3 
ESPERPENTO EDICIONES TEATRALES

http://www.esperpentoteatro.es/epages/78344810.sf/es_ES/?ObjectPath=/Shops/78344810/Products/119

PRÓLOGO DE FRANCISCO GUTIÉRREZ CARBAJO
(Fragmento)
No es extraño encontrar en los textos de esta antología la desacralización de los personajes, ya que estos se alejan de una representación como seres planos, en el sentido de Foster y de una construcción como entidades monosémicas y cerradas. Ello no obsta para hallar en la propia representación una defensa de su potente identidad como actores, que los lleva en ocasiones a enfrentarse con el director o con el autor y a no aceptar los papeles que se les encomienda.
Se recurre, así, al ejemplo de Augusto en Niebla de Miguel de Unamuno, de forma explícita en la pieza de Miguel Ángel Martínez y de manera implícita en muchas otras.
Como un diálogo intertextual con Pirandello, en el que no se asumen sus premisas, el actor es el que busca al personaje en la obra de Jerónimo López Mozo. Cuando el personaje le pide un papel al Autor, este le comenta que debe solicitárselo al director. Ante la insistencia del Actor, el Autor le argumenta que en la próxima obra quizá “tenga un personaje” para él. El Actor exclama alborozado: “¡Al fin un personaje para mí!”
En Mejor al aire de Elena Belmonte, la Autora formula una interrogación retórica y exclama: “¡¿Y quién coño crees que es el personaje?! ¡Un personaje es una marioneta y es el autor el que maneja los hilos! ¡Esta situación es absurda!”.
En Ilústrame de Pablo Canosales, el protagonista le recuerda al Autor que “es uno de sus personajes”. Más adelante ha de insistirle en que el compromiso del autor es con sus personajes y que estos necesitan salir a la luz. Habla en nombre de su colectivo, el colectivo de “los personajes cansados de su autor”.
Alberto de Casso Basterrechea en Gema y Emma se refiere varias veces explícitamente a la función de esta categoría dramática y se habla incluso de la “construcción del personaje”. Ante la actitud de su amiga, Emma le explica con reiteración: “Es para preparar mi personaje”, y Gema le comenta que el personaje acompaña como una sombra siniestra.
Entre los personajes que pueblan el grandioso universo de Juana o el clitorio de Dios de José Manuel Corredoira, Juana es el de mayor densidad semántica. En relación con ella, el lenguaje adquiere las mayores potencialidades que puede alcanzar un discurso en escena, y en Sal de de mi cama! de Yolanda Dorado el personaje de la Mujer Errante pone en entredicho el oficio de la Autora. Le dice que no sabe qué contar y, sin embargo, quiere relatar su vida. En el sentido que hemos glosado en alguna ocasión de que en el teatro “el hábito sí hace al monje”, la Aurora le comenta a la Hermana Menor que “los zapatos definen al personaje”.
Juana Escabias en Retrato de mujer con sombrero destaca con fina intencionalidad frente a la actriz el poder casi omnímodo del Director, que proclama: “La insistencia como vía para vencer al contrario. Subyugar su resistencia, someter la voluntad que se opone a los deseos de uno mismo. La encarnación del personaje vencedor en el conflicto”.
En contraste con esta función plenipotenciaria del Director, Juan García Larrondo concede a los personajes el poder de los dioses, y retan al propio autor: “Parodiamos al Todopoderoso y construimos personajes a nuestra imagen y semejanza, por eso te son tan familiares. Pregúntales tú mismo. Les conoces. El autor es lengua de fuego y maravilla. Lo afirmaste en una de tus obras. Demuéstralo ahora”.
El personaje en Aparta de mí este cáliz de Yolanda García Serrano pide ser salvado de la muerte porque, como él mismo reconoce, es un “personaje magnífico”: “Una palabra tuya bastará para salvarme. Anota que al final tu hijo se salva de morir clavado. Tú eres el creador, tú me hiciste, no puedes destruirme como si no te importara (…) Reescribe mi historia. Soy un personaje magnífico”.
El silencio de José Moreno Arenas abre la didascalia inicial con una referencia a esta categoría dramática: “Despacho-estudio-habitación de un “Creador de Personajes”. Caos organizado o desorden controlado, según se prefiera”. Moreno Arenas ilustra, así, la afirmación de Derrida (1976) de que “el teatro es un caos que se organiza”.
En Abril de Miguel Murillo, el Autor le dice al Actor I que es una pura fantasía, que solo existe en su imaginación, y en la obra de Fernando Olaya, este elemento dramático fundamental aparece ya en el propio título de la pieza: El dramaturgo que confundió a los personajes con los actores (o viceversa). El Dramaturgo, “pensando en alto”, inicia su discurso con un procedimiento metateatral centrado en los personajes: “Que los personajes tengan que actuar dentro de la obra me parece un buen recurso”.
Diana M. de Paco Serrano declara en la didascalia inicial de En blanco que el “personaje está difuminado, como en una especie de nube blanquecina. No se distingue bien su silueta”. En consonancia con ello, en una de sus primeras intervenciones, el personaje le dice a la Autora: “Perfílame, anda, ponme algún matiz, relléname de contenidos, que estoy hecho una birria”. Si López Mozo se refiere a Pirandello, la Autora en la pieza de Diana M. de Paco Serrano solicita la ayuda del dramaturgo italiano: “Ay, ¿qué está pasando?... Entonces todos mis personajes están enfadados comigo. ¡Pirandello, ayúdame! ¿Qué hiciste tú para contentar a tus seis criaturas?”. Más adelante el personaje le aclarará a la Autora que sus criaturas están escribiendo la obra que piensa que está escribiendo ella, y que incluso se han invertido los papeles: “Porque tú ahora eres el personaje y nosotros los
autores”.
Este intento de transformación del dramaturgo en personaje está igualmente presente en El encuentro de Alfonso Plou: “De dramaturgo a dramaturgo: te quiero convertir en un personaje”. Sobre este recurso se insiste en los diálogos posteriores entre A(utor) y S(hakespeare). El propio S termina admitiendo esa transformación: “... Y ya que me voy asumiendo como personaje de tu comedia... Te podré decir...”.
En un sentido inverso, un dramaturgo tan sabiamente transgresor como Pedro Víllora sigue la tradición aristotélica en su pieza Linda Muñequita. En ella el autor noruego Henrik Johan Ibsen le dice a Nora: “Antes que nada eres personaje”. La mujer considera que es más bien “un modelo a seguir” y que el Autor no habla ni piensa como el creador revolucionario y concienzudo a quien ella quería querer y respetar: “Tal como yo soy, no puedo por ahora ser tu personaje”.
En la caracterización del personaje, en el tratamiento del espacio y del tiempo, en su reflexión sobre el arte escénico, y, en general en la construcción de la obra, los autores recurren con frecuencia al procedimiento del metateatro.
...
En Escritura de Iván Cerdán Bermúdez, Marta le achaca a Simón que se limite a adaptar la realidad de la familia y que además esa escritura no se base en su propia experiencia sino en lo que le han referido: “Es que tú no lo has visto. ¡Te lo han contado! Pasa lo mismo con el monólogo que hiciste sobre mi padre”.
...
Esta fina ironía está presente ya en el propio título de la obra de Alfonso Zurro, y en las palabras del primer parlamento de la Reina, en Estábamos celebrando el Nobel de Juan Mayorga: “Dejemos claro que a mí no me gusta el teatro (...) Esta era de dramaturgos. Caras tristes. Gestos profundos. Calvicie intelectual. Trascendencia. Tedio. Desconsuelo”. Cuando el Autor declara que el teatro es imaginación, la Reina responde con énfasis: “¡No!, el teatro ha de ser... ¡verdad! Una verdad verificada con mayoría absoluta de monarquía democrática parlamentaria”.
...
La maestría de López Mozo ha sido reconocida por sus colegas dramaturgos y por los investigadores, como tuve ocasión de demostrar en la edición de Cúpula Fortuny. En su pieza incluida en esta antología reelabora de un modo espléndido la fórmula pirandelliana. Aquí el personaje no busca al autor, sino que solicita que se le asigne un papel.
...
Si la influencia de Pirandello y la de Unamuno está presente o subyace en la capa latente de todas estas creaciones, Miguel Ángel Martínez lleva a cabo una reactualización de las tesis unamunianas. Como en un juego de lanzadera, Alberto y Miguel se cruzan sus recriminaciones, en una magnífica pugna dialéctica en la que se hace referencia a dramaturgos como Valle-Inclán o Muñoz Seca y a obras y personajes de Shakespeare, como Hamlet y Ofelia.

LA PARADOJA DEL DRAMATURGO

OBRAS INCLUIDAS:

Mejor al aire, de Elena Belmonte
Ilústrame, de Pablo Canosales
Gema y Emma, de Alberto de Casso Basterrechea
Escritura, de Iván Cerdán Bermúdez
Juana o el clitorio de Dios, de José Manuel Corredoira
Sal de mi cama!, de Yolanda Dorado
Retrato de mujer con sombrero, de Juana Escabias
Narciso en tercera persona, de Juan G. Larrondo
Aparta de mí ese cáliz, de Yolanda Gª Serrano
Un actor en busca de personaje, de Jerónimo L. Mozo
Nieto de Hamlet con revólver de John Wayne, de Miguel Ángel Martínez
El silencio, de José Moreno Arenas
Abril, de Miguel Murillo Gómez
El dramaturgo que confundió a sus personajes con los actores (o viceversa), de Fernando Olaya Pérez
En blanco, de Diana M. de Paco Serrano
El encuentro, de Alfonso Plou
Linda muñequita, de Pedro Víllora
Estábamos celebrando el Nobel de Mayorga, de Alfonso Zurro

miércoles, 3 de junio de 2015

EL TEATRO DE RODRIGO GARCÍA, de Fernando Olaya Pérez (I)


EL TEATRO DE RODRIGO GARCÍA
de FERNANDO OLAYA PÉREZ
ESPERPENTO EDICIONES TEATRALES

Tapa Blanda. 192 pag. 13,8 x 21 cm. ISBN 978-84-944029-0-6  14 euros.

El teatro de Rodrigo García es un trabajo pionero en España en el estudio de este director de escena y dramaturgo hispano-argentino que ha llegado a ser uno de los autores-directores teatrales actuales más reconocidos del mundo. Incluye un análisis exhaustivo de tres de sus obras: After Sun, La historia de Ronald, el payaso de McDonald´s y Versus. El autor, Fernando Olaya Pérez, es antropólogo, historiador, teatrólogo y dramaturgo, y ha incorporado a este libro el inestimable prólogo del catedrático de literatura Francisco Gutiérrez Carbajo.


FRANCISCO GUTIÉRREZ CARBAJO
(Catedrático de literatura española).
Prólogo a El teatro de Rodrigo García, de Fernando Olaya Pérez (frag.)

Antes de que Martín Heidegger propusiera el concepto  de Destruktion en su libro Ser y tiempo, y Derrida y Paul de Man el de desconstrucción, el teatro ha buscado desconstruir la realidad referencial para instaurar una nueva realidad en el escenario. Sobre ese sistema de desmontaje y de montaje se sustenta la naturaleza de lo dramático.
Sin embargo, y a la luz de los conceptos enunciados, comprobamos cómo algunas de las dramaturgias actuales -y de manera especial la de Rodrigo García- llevan a la práctica lo que los autores citados formulan en sus trabajos teóricos.
Si algunos de los defensores de la desconstrucción no la conciben como un procedimiento de demolición sino más bien como la búsqueda de una multiplicidad de sentidos, Rodrigo García y otros dramaturgos actuales arremeten contra las prácticas artísticas como construcciones culturales estereotipadas y buscan, a través de la parodia, el rito o el mito, la destrucción o la demolición de esos estereotipos. No se trata sólo -como postulan los desconstruccionistas- de que el significante y el significado sean diferentes y diferenciados sino de la dificultad que encuentran en el lenguaje convencional para comunicar aquello que quieren expresar. Por eso, cada vez en el teatro español contemporáneo adquiere tanta importancia la pura mostración como el monólogo o el diálogo.

FERNANDO OLAYA PÉREZ,
de El teatro de Rodrigo García (frag).

... Por esta razón el cuerpo del actor se convierte en el blanco permanente de la canalización de la violencia en que se convierten a menudo las obras de Rodrigo García. No se trata de una relación sado-masoquista, donde ambas partes obtengan un placer mediante su elicitación, sino una forma de constatar la desigualdad que se genera mediante el ejercicio del poder. Y esta constatación debe de inducir al espectador a adoptar un posicionamiento concreto frente a la situación planteada. Los actores maltratan sus cuerpos para evidenciar la violencia que se ejerce sobre un cuerpo social, que muchas veces no encuentra un canal adecuado para expresar los menoscabos que se producen en su patrimonio, tanto moral como material.
Muchas de estas acciones devienen en una especie de rituales orgiásticos donde el clímax de la representación alcanza cotas inquietantes. Ya la misma configuración de todas las representaciones de Rodrigo García se verifican en un código cercano al ritual, donde el espectador se encuentra inducido a la ficción donde parece tomar parte de lo que sucede sobre el escenario. No se trata sólo de la ruptura de la cuarta pared para que los actores puedan interactuar con el público. Se trata más bien de situar al público en el centro de un acto social en el que se evidenciarán y pondrán en cuestión los problemas de ese cuerpo social, que se reúne para dirimir sus diferencias o expresar sus quejas al poder.