miércoles, 22 de noviembre de 2017

RÉQUIEM, de Ester Bellver

RÉQUIEM
de 
ESTER BELLVER
Tapa blanda, 132 pág. 13,8 x 21 cm.
 ISBN  978-84-946696-8-2

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Fragmento del PRÓLOGO
por ÁNGEL GARCÍA GALIANO

En el principio era la lucha, una agonía de no saber y de que­rer vivir y amarlo todo hasta el final. En el comienzo fue la ago­nía secreta de asistir al misterio desplegándose, diversificando su magia iridiscente en arreboles de ensueño, miedo, gozo, ig­norancia y pasión. Protagonizar la vida fue solo el comienzo de la trama: se abre el telón, o una ventana de la casa paterna y el olor a ozono recuerda el de las tormentas infantiles, a un campo recién mojado o a pan recién horneado cuyo aroma se pierde en el fondo de un baúl lleno de recuerdos, algunos soñados, otros entrevistos, los más abrazados y dolientemente vivos. Al leer escuchamos jirones de nubes rosas, vemos resonar los ta­cones de una vedette descendiendo por titubeantes escalones de orillo, respiramos el aliento de los pasos perdidos de una reina desolada y firme abrazando su pérdida por los campos de Montiel, sentimos el olor untuoso de los lápices de colores recién usados… y aprendemos, ensayando, una y otra vez, a no esperar: no esperes, te dice una voz al fondo, detrás de bam­balinas, y un foco ilumina y ciega tu perspectiva de futuro; no esperas y por fin ves la fuente y reparas, jadeante por la subida, que en ella vas a beber cuando papá ya no esté. Y entonces, sorprendida, agradecida, descubres que ese era, y no otro, el tesoro escondido, sin mapa, sin plano ni memoria, y que por fin lo hallaste, agonizando la primera.


 Fragmentos de RÉQUIEM
de ESTER BELLVER


Tratando de tirar las cosas de tu padre, te encuentras con cientos de ellas que tampoco él pudo tirar de los suyos, incluido el traje de bombero de tu abuelo o un mechón de pelo de tu abuela; sus deberes, cartera y libros del cole­gio; las coletas que nos cortaron después de hacer la pri­mera comunión; los dientes que le poníamos al Ratoncito Pérez; ¡un colmillo suyo!, ¡nuestros ombligos!; su acor­deón de juguete; las muñecas que tuviste; los collares que usabas... Y aquello otro que tanto le gustaba a tu madre. Te encuentras llenando el bolso hasta reventarlo con todo tipo de porquerías: cajas vacías, bolígrafos rotos, cubiletes incompletos de parchises extraviados, una cinta casete sin identificar... En cada cajón que abres se despiertan miles de recuerdos que quisieras retener por siempre. ¿Cómo lo vas a tirar? Pues lo tiras. Tiras con saña al contenedor todas las grabaciones de vídeo que ha hecho tu padre du­rante toda su vida de toda tu vida y de la vida de todos los tuyos. Pero luego abres otro armario y aparecen las fotos: ¡15 álbumes de fotos! Y te encuentras con que las 101 grabaciones que acabas de tirar están copiadas de nuevo por si se estropeaban las originales y que también están todos los negativos de las fotos. ¡Y las diapositivas! Que no recordabas que también hubo una época para las dia­positivas. Ahí están, también a cientos, con su proyector y su pantalla de proyección... Creo que necesito una fosa para mí también.

………………………………..

La película de hoy no se ha grabado, no quedaba espacio, el móvil me lo avisaba: “No se puede grabar el vídeo”. Sin embargo, continué como que lo estaba haciendo, no podía interrumpir lo que ocurría. Estaba mi madre también en la habitación, había venido a verlo —llevan muchos años separados—. Mi padre empezó a contar cómo, el día que nació su primer nieto, antes de ir al hospital a conocerlo, pasó por El Retiro y vio en el estanque una barquita con una pareja de enamorados. Lo trasladó —dijo— a cuando era un chico joven y aún no había conseguido echarse a mi madre de novia: “Iba allí todas las tardes y escribía en el caballo tus iniciales. Soñaba con dar un paseo contigo en barca. Y ahora —pensé—, el mismo día en que una de nuestras hijas nos hacía abuelos, iniciábamos los trámites de la separación. Te fuiste y por eso yo viví aquello con Conchi, pero no tiene nada que ver, te he querido mucho, Mari, mucho. Y todavía te quiero”.

 
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sábado, 14 de octubre de 2017

LA FUNCIÓN DEL ORGASMO de JAVIER MAQUA



LA FUNCIÓN DEL ORGASMO
de JAVIER MAQUA
Tapa blanda, 204 pág. 13,8 x 21 cm.
ISBN 978-84-946696-7-5 

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 FRAGMENTO DEL PRÓLOGO,
por BETH ESCUDÉ I GALLÈS Y
ALEJANDRO MONTIEL MUES

De nuevo un hecho histórico: el 13 de enero de 1941, en Prin­centon (Nueva Jersey, EEUU), el exiliado físico alemán Albert Einstein y el multiexiliado y multiexpulsado psicoanalista aus­triaco Wilheim Reich (Doctor en Medicina por la Universidad de Viena) mantienen, durante cinco horas (media hora a oscu­ras), una conversación privada, sobre la que gravitaría, inevita­blemente, la mutua persecución nazi de que ambos intelectuales judíos han sido víctimas o seguían siéndolo. Aunque supone­mos que Reich expuso a Einstein su extraña teoría del “orgón” (“la energía de la vida”, del griego orgae, “deseo ardiente”) y trató de proporcionarle pruebas empíricas de su descubrimien­to mediante un acumulador de orgón (una Jaula de Faraday), no podemos saber de qué hablaron ni en qué terminos transcu­rrió la velada. Javier Maqua lo ha imaginado para nosotros.

FRAGMENTO DE "LA FUNCIÓN DEL ORGASMO", DE JAVIER MAQUA

EL DOSSIER

Entra HELEN con la bandeja de los cafés. EINSTEIN, aliviado, piensa en voz alta.
EINSTEIN
Ya se ve la catadura nazi del infamante. Pornógrafo y ju­dío dos pájaros de un tiro. Empiezo a sospechar la raíz de la infamia. Pero ¿qué sucedió exactamente?
A REICH le cambia la cara.
REICH
Lo sabe. Debí imaginarlo. Le han informado.

A su lado está el vademécum que EINSTEIN ha abandonado sobre la mesa. REICH lo mira. EINSTEIN se da cuenta y lo coge y retira inmediatamente.
Quizá el FBI.
EINSTEIN
En absoluto.
REICH
Tiene usted un dossier sobre mí.
EINSTEIN
¿Le parece raro? Mi secretaria me entrega siempre un informe de mis visitas. Es la costumbre. Poca cosa. Para orientarme. Pero no he tenido tiempo, no lo he leído, sólo le he echado un vistazo.
REICH
Y esas palabras están subrayadas.
EINSTEIN
¿Qué palabras?
REICH
“Pornógrafo judío”.52
EINSTEIN
¿Lo están?

Echa una ojeada al dossier.
Lo están.
REICH
¿Qué más dice?
EINSTEIN
Ya se lo he dicho. No lo he leído.

Deja el dossier. REICH sigue a HELEN con la mirada mientras sirve el café.
REICH
¿Seduzco a mis enfermas? ¿Masturbo a mis pacientes? ¿Soy un estafador? ¿Un curandero? ¿Un comunista? ¿Un genio? ¿Un loco?
EINSTEIN
¿De todo eso le acusan?

Pero REICH sigue acosando con ojos maliciosos a HELEN, mientras ésta coloca las tazas. 
REICH
¿Cuál es mi perfil? ¿Qué imagen proyecta de mí? ¿Le gus­taría conocerme? ¿Resulto interesante? ¿Peligroso?
EINSTEIN
Magnético. Resulta magnético. Puede retirarse, Helen. Nosotros nos servimos.

Intercambian miradas. HELEN tarda ligeramente en obedecer, pero, final­mente, se retira. REICH enciende un cigarrillo. EINSTEIN muerde su pipa. 
No se ofenda. Sé muy bien hasta qué extremos de men­dacidad puede llegar la jauría.
REICH
Están en todas partes.
EINSTEIN 
¿Quiénes?
REICH
Los pequeños hombrecitos. Siempre que algo nuevo está asomando la gaita, aparecen los pequeños hombrecitos con sus guadañas. Están en todas partes, pero hay que volver la cara, como si no estuvieran, hasta que se abu­rran.
EINSTEIN 
Comprendo.
REICH 
Los hombres de ciencia tenemos cosas importantes que hacer, no acuchillemos el aire. Si me deja continuar mi ex­posición, podrá juzgar usted mismo.

EINSTEIN busca algo, quizá un cenicero.

http://sintarima.com/evento/la-funcion-del-orgasmo-y-papa-quiere-morir-en-casa-de-javier-maqua/?instance_id=219

viernes, 7 de julio de 2017

COMO MEJOR ESTÁN LAS RUBIAS ES CON PATATAS, de ENRIQUE JARDIEL PONCELA

COMO MEJOR ESTÁN LAS RUBIAS ES CON PATATAS,
de ENRIQUE JARDIEL PONCELA
Tapa blanda, 324 pág. 13,8 x 21 cm.
ISBN  978-84-946696-6-8
 
http://www.esperpentoteatro.es/epages/78344810.sf/es_ES/?ObjectPath=/Shops/78344810/Products/126
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 FRAGMENTO DEL PRÓLOGO,
por ENRIQUE GALLUD JARDIEL
 
 
Esta pieza teatral —la penúltima de las que escribiría Jardiel— se estrenó en el Teatro Cómico de Madrid el 6 de diciembre de 1947. Era la compañía del propio autor, que era a la vez empre­sario, y no contaba con figuras de especial renombre, sino con actores versátiles y eficaces, cuyos nombres no son hoy conoci­dos. El papel principal corrió a cargo de Manuel Hernández y en el elenco se hallaban también la compañera sentimental de Jardiel y su hija pequeña, Mariluz, que debutó con esta obra.
[...]
Se trata de una farsa rabiosamente cómica, de una comedia «sin corazón», como su creador mismo la definía, pero llena de fantasía, con gran acumulación de situaciones extremas e inve­rosímiles y muchos personajes estrafalarios y excéntricos, así como gran ritmo y dinamismo en su trama argumental.
 
FRAGMENTO DE LA OBRA "COMO MEJOR ESTÁN LAS RUBIAS ES CON PATATAS" DE ENRIQUE JARDIEL PONCELA 

El ansia de oír lo que está transmitiendo la «radio» es común a todos los personajes, pero la situación de espíritu con que escucha cada cual, a excepción de COSCOLLO, que, naturalmente, no escucha, dista mu­cho de ser la misma. Y así, mientras BUITRAGO, que se halla con COSCOLLO, en pie, a la derecha del aparato, expresa una ansiedad optimista, BERNARDO, en el sillón de cuero situado junto a él, aparece abrumado, acogotado y como aplastado. Y mientras OBDULIO y TULA, formando rancho aparte, ella sentada y él reclinado en la mesa de despa­cho, son los menos afectados, en la apariencia, por los acontecimientos, ALBERTINA yace semiderrumbada en el sillón de orejeras, a la izquierda de la «radio», llorando, gimiendo, comiéndose a pedazos un pañuelo y, en fin, ofreciéndose a los espectadores como la imagen viva de la desolación y de la desesperación más extremadas.

EMPIEZA LA ACCIÓN


Los seis personajes escuchan, en medio de un silencio absoluto, la VOZ DEL LOCUTOR de «radio», que suena en el aparato.
VOZ DEL LOCUTOR
Por el aparato.
Así es que atención, señores radioyentes... ¡Mucha aten­ción! Porque dentro de breves instantes, y por boca del redactor jefe de la Agencia Intercontinental de Prensa, se­ñor Movellán, transmitiremos las últimas noticias del ex­traordinario acontecimiento que en estos momentos tiene a todo nuestro país y a las clases científicas del mundo entero pendientes de nuestro micrófono...
ALBERTINA
Gimoteando amargamente.
¡Y tan pendientes como estamos todos, Dios mío de mi alma!
Llora con desconsuelo.
BERNARDO
Conmovido y apurado, acariciándole las manos.
¡Vamos, Albertina, vamos!...
ALBERTINA llora fuertemente. Por el foro izquierda aparecen en ese instante MARTA y MARÍA, la primera con uniforme y la otra con delantal blanco, y las dos con las caras llenas de arañazos y las cabelleras en desorden. MARTA trae un frasquito en la mano, que entrega, rápida, a BERNARDO.
MARTA
¡Las sales! ¡Aquí están las sales!
BERNARDO
¿Las sales?
MARTA
Las sales inglesas que nos mandó traer el señor por si le hacían falta a la señora..
BERNARDO
¡Ah, sí, sí! Ni me acordaba ya. Claro. Si es que tiene uno la cabeza hecha un lío... Vengan, ¡vengan las sales!
Coge el frasquito.
Que me parece que, de un momento a otro, las vamos a necesitar todos...
Fijándose en el aspecto de las chicas.
¿Eh? Pero y esas caras y esos pelos ¿qué significan? ¿Es que habéis vuelto a pelearos otra vez?
MARTA
No, señor, no...
MARÍA
No, señor, solo una discusión.
MARTA
Una discusión que hemos tenido en la cocina sobre si nos habían mandado traer las sales o nos habían mandado traer el éter…
BERNARDO
Pues era las sales.
MARTA
¡Claro! Lo que yo decía.
Ambas se arreglan los desperfectos de la discusión. A MARÍA.
¡Como siempre! ¿Te convences? ¿Ves como de las dos era yo la que tenía razón?
MARÍA
Amenazadora, por lo bajo.
¡En la cocina te diré yo a ti luego quien era la que tenía razón de las dos!
ALBERTINA
Enérgicamente.
¡Chist! ¡Silencio!
Escucha
VOZ DEL LOCUTOR
Por el aparato.
Y, como es natural, señores radioyentes, al hablar de acontecimiento extraordinario, nos referimos al que es hoy tema de todas las conversaciones, es decir, el feliz e inesperado hallazgo, el dichoso y providencial encuentro del glorioso investigador, del portentoso sabio, del genial profesor de Antropología y director de nuestro Museo de Ciencias Prehistóricas, don Ulises Marabú y Novaliches.